Introducing trauma, drama and teachersIntroduciendo trauma, drama y maestros

By Ricardo Cuevas on September 5, 2011 in child reading blog Uncategorized with 1 Comment

 

child stress from learning

The period of childhood between five and six years old can be the most traumatic in a child’s life, period. Nothing else compares. There isn’t even a close second. You are taking a child that has until now spent very little time away from home, then ripping him/her away from their warm, caring, loving, sympathetic mother and placing them in a completely new and oftentimes unfriendly social environment. Meanwhile, you’re introducing that child to early education, and discipline. It’s no wonder that kids despise the thought of learning and will play hooky, place their hand on a light bulb, place an onion under their armpits (this one is even more dangerous than the first, believe it or not) or virtually any number of tricks to stay home from school. Contrast this with a child who has “ramped up” to this point by having engaging, age-appropriate, interesting education from an early age. The differences are night and day. And we’re putting our teachers smack in the middle of this, the poor souls don’t have a snowballs chance. We should ask ourselves: How would this scenario change if by the time the child showed up in school the first day, that child already had a love and an appreciation for learning, reading and even foreign languages?El período de la infancia entre los cinco y seis años de edad puede ser el más traumático en la vida de un niño. No hay nada que pueda compararse. No hay ni siquiera un cercano segundo lugar. Se está tomando a un niño que hasta ahora ha pasado muy poco tiempo fuera de casa, entonces desarraigándolos a el/ella fuera de su cálida y afectuosa, simpática madre amorosa y a menudo  colocandolos en un ambiente social completamente nuevo y hostil. Mientras tanto, se está introduciendo a ese niño a la educación temprana, y la disciplina. No es de extrañar que los niños desprecian la idea de aprender y hacer novillos, colocar sus manos sobre una bombilla, colocar una cebolla debajo de sus axilas (éste es aún más peligroso que el primero, aunque no lo crean) o prácticamente cualquier número de trucos para no ir a la escuela. Contraste esto con un niño que ha “incrementado” hasta este punto al tener la participación, apropiada para la edad , en la educación desde una edad temprana. Las diferencias son como el día y la noche. Y estamos poniendo nuestros maestros justo en el medio de esto, las pobres almas no tienen ni una oportunidad, Debemos preguntarnos: ¿Cómo cambiaría el escenario, si para el tiempo que el niño se presenta a la escuela el primer día, el niño ya tiene un amor y  aprecio por aprender, leer e incluso aprender lenguas extranjeras?

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